
Tras conocerse la decisión del gobierno suizo, Dassault Aviation emitió un comunicado donde expresa su sorpresa por el resultado ya que -según la constructora francesa- no condice con las evaluaciones previas de Berna.
En el país de los relojes de precisión señalaron que las razones que inclinaron la balanza hacia el Grippen son meramente financieras ya que el caza sueco no sólo tiene un menor costo por unidad, sino que su mantenimiento es menos oneroso. Y textualmente admitió que la decisión no contempló "posicionar a Suiza en lo más alto de Europa en cuanto a nuevas aeronaves de combate".
Según Dassault "el Grippen 'hecho a medida' sólo existe en los papeles", advirtiendo que su concreción tendrá costos de desarrollo y de riesgo industrial que incrementarán significativamente los esfuerzos financieros del gobierno suizo.
Según la empresa francesa, el Rafale le hubiese permitido a la Fuerza Aérea Suiza alcanzar sus requerimientos operacionales con un número menor de aeronaves, con costos totales menores.
Aunque cierta incertidumbre rodea todavía a la configuración propuesta por Saab, se estima que incorporará algunos de los nuevos equipamientos desarrollados por el programa Gripen NG, tales como: radar AESA, un motor de mayor empuje que el actual, y nuevos equipos de guerra electrónica, entre otros. Además los fabricantes suizos deberían participar activamente en el desarrollo de este Gripen helvético en el marco del programa de compensaciones directas que ofrece Saab.
De hecho, el programa Gripen creará una asociación a largo plazo entre Suiza y Suecia. Según señala un comunicado de la compañía sueca "Saab asegura a Suiza, una cooperación industrial estratégica destinada a crear empleos duraderos de alta tecnología, transferencia tecnológica y la generación de negocios de exportación".
Si la venta se concreta, Suiza se uniría al club de usuarios del Grippen que hoy conforman cinco países: Hungría, República Checa, Sudáfrica, Suecia y Tailandia.
Foto: Saab





