
Casi un millón de espectadores acudió al Centro Espacial Kennedy, en Florida, para presenciar el último lanzamiento del Space Shuttle, un hecho histórico que cierra toda una era en la aventura espacial, tanto como lo fue el programa Apolo en los años sesentas y setentas.
Tras días de expectativa por las condiciones meteorológicas desfavorables, la misión finalmente no se suspendió. Justo antes del inicio del viaje, Mike Leinbach, director del lanzamiento, dijo emocionado a los astronautas: "Por última vez, buena suerte."
El comandante de la misión STS-135, Chris Fergunson, el piloto Doug Hurley, y los especialistas Sandy Magnus y Rex Walheim, ya estaban en sus puestos, listos para partir, realizando los últimos preparativos antes del lanzamiento. La cuenta regresiva llegaba a su fin cuando de pronto, en medio de la excitación reinante, el reloj se detuvo 31 segundos antes del despegue. Un pequeño problema en "un indicador electrónico", explicaría más tarde un portavoz de la NASA. La cuenta regresiva se reinició tres minutos después, y a las 10:29 hora local, el transbordador espacial comenzaba su último viaje al espacio.
A cinco kilómetros del lugar del lanzamiento la multitud aclamó emocionada el majestuoso y atronador ascenso. El Atlantis se perdió en el cielo encapotado y en ocho minutos y medio alcanzó la órbita terrestre, superando en su aceleración los 28.000 km/hora.
Los espectadores despedían al Atlantis, y con él al Columbia, al Challenger, al Discovery y al Endeavour, los cinco transbordadores que, entre todos y con esta última, suman 135 misiones en la que pusieron en órbita un gran número de satélites, telescopios espaciales y sondas interplanetarias. En las últimas tres décadas, los transbordadores espaciales transportaron a 335 astronautas para desarrollar experimentos científicos y tecnológicos, para observar la Tierra, estudiar las estrellas, mantener la estación espacial rusa Mir y para construir, reparar y mantener la Estación Espacial Internacional (ISS).
Sin embargo, dos trágicos accidentes ensombrecieron la carrera del transbordador (el del Challenger en 1986 y el del Columbia en 2003), y forzaron a la NASA a tomar la decisión de retirar la flota de estas naves en cuanto se terminase la construcción de la ISS.
En su última misión el transbordador entregará 3,7 toneladas de equipos y provisiones a la ISS, para permitir que la estación orbital y su tripulación permanente de seis personas cuenten con suministros durante un año. Con su regreso a la Tierra, previsto para el 20 de julio, la era de los transbordadores habrá terminado. Hasta que no exista un programa espacial que lo remplace los Estados Unidos no dispondrán de medios propios para poner en órbita a sus astronautas. De aquí en adelante, serán las naves rusas Soyuz TMA las que quedarán a cargo de transportar a los tripulantes de la Estación Espacial Internacional.
Fotos: NASA





