Despedimos al precursor del paracaidismo argentino, Carlos Roque Beltrán

Ejemplo de vitalidad y valentía, continuó saltando hasta los 95 años, y acumuló 1257 lanzamientos.  La Federación Argentina de Paracaidismo informó su fallecimiento, el viernes 1 de junio.

Carlos nació el 16 de agosto de 1920, en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires. A sus 22 años, se enlistó en el Regimiento de Infantería “Patricios” como soldado. En años posteriores realizó un curso de montaña en Covunco, y de otro de esquí en el Refugio Pino Hachado en la Cordillera, provincia de Neuquén. En noviembre de 1943, siguiendo su inquietud por la originalidad, se presentó a la convocatoria realizada para personal de suboficiales y oficiales del Ejército Argentino, que desearan conformar la primera tropa de paracaidistas militares. En una nota que brindó a aeroespacio, en la edición 617 de 2016, recordó que se presentaron en esa ocasión alrededor de 200 hombres, quedando elegido entre los 10 del Regimiento de Montaña. “Haced las experiencias para editar los reglamentos de instrucción y de seguridad para el paracaidista”, decía el Boletín N°2053.

El 30 de noviembre de 1944 realizó su primer salto desde el avión sanitario Ae-MS1 prototipo nacional de 1935, junto a un grupo de 60 personas: 11 oficiales, 48 suboficiales y 1 civil. En su relato de aquella experiencia, en la que también se preguntó al borde de la aeronave, ¿qué era lo que hacía allí? nos afirmó que “mas que saltar, era aprender a golpearnos”. Durante esa jornada de salto, relató Beltrán, “en la cúspide de la adrenalina, se presentó una autoridad que canceló absolutamente todo, alegando que no estábamos autorizados”, por lo tanto, “el resto de los hombres se quedó sin saltar y hubo sanciones”.
Los golpes, quebraduras, conmociones eran parte de la ejercitación diaria, paradójicamente, ésta fue la razón que lo impulsó a continuar, “saber y estudiar las causas de los accidentes para que los hombres sufriesen los menos posible”.
Para 1946 Carlos ya era instructor, formando soldados y oficiales de Fuerza Aérea, en la Escuela de Paracaidistas Argentinos,  (luego Escuela de Tropas Aerotransportadas). Efectuó lanzamientos  en aeronaves militares argentinas como el ya mencionado Ae-MS1, el Aer-MB 2 Bombi,  Junkers Ju-52, Douglas DC-3, Hercules C-130 y Fokker F-27, entre otros.
Para fines de la década del ’50, realizó sus últimos saltos militares y de exhibición, y cesó su actividad por mucho tiempo, hasta que alrededor de sus 80 años, decidió realizar saltos en tándem para cada uno de sus cumpleaños.
Oportunidades increíbles en la vida sí las hay, fue lo que nos demostró cuando compartió un especial salto con una de sus bisnietas. Así continuó hasta 2016, convirtiéndose en noticia cada vez que salía del avión a poner la sonrisa al cielo, como dice el lema de los paracidistas argentinos, “Con el cuerpo confiado en la tela, puesta el Alma en las manos de Dios”.

En 2016, la Federación Argentina de Paracaidismo lo declaró “Precursor del Paracaidismo Civil y Deportivo Argentino”, en un acto realizado en la ciudad de Córdoba. Su aporte, junto con el de otros hombres de nuestra historia, en la experimentación del paracaidismo militar, será siempre recordado.