El vencedor de los Andes

por A. Franke

"Es necesario afianzar la tendencia de dar al vuelo mecánico el simple valor de las cosas corrientes y es deber de todo piloto contribuir a ello. Va en juego el bien de la humanidad y es un homenaje a los que por el vuelo dejaron de ser".

Capitán Luis C. Candelaria

"En la soleada mañana del 13 de abril de 1963, el entonces Comandante de la Fuerza Aérea Argentina, Brigadier D. Carlos Conrado Armanini, realizaba una visita protocolar y de cortesía al Capitán (R) D. Luis Cenobio Candelaria en la ciudad de Tucumán. En esas circunstancias, integrando la comitiva oficial, tuve la oportunidad de estrechar la todavía fuerte diestra del Vencedor de los Andes en aquel 45º aniversario de su histórica travesía.
No debo haberme sentido muy cómodo al comprobar el limitado conocimiento que tenía respecto a la hazaña aeronáutica del 13 de abril de 1918 y a su protagonista, ambos tan íntimamente ligados a los albores de la Aviación Argentina, a cuya Fuerza Aérea yo estaba muy orgulloso de pertenecer. Quizá debo haberme prometido allí mismo mejorar lo más pronto posible mis conocimientos sobre aquellos acontecimientos y episodios fundacionales sobre nuestra vida aeronáutica... pero transcurrirían más de 30 años sin que tuviera tiempo de cumplir con lo prometido, al cabo de los cuales mi información al respecto continuaba tan deficiente como al comienzo, y cuando al fin pude hacerlo descubrí que la personalidad de D. Luis Cenobio Candelaria era tan extraordinariamente valiosa como desconocida. Me dispuse entonces a recopilar la mayor cantidad posible de datos sobre su vida, con los cuales pude conformar este ensayo biográfico que publico, con la intención de que sirva principalmente para divulgar, sobre todo a las futuras generaciones, aspectos insuficientemente conocidos, pero plenos de enseñanzas, de las difíciles primeras épocas de nuestra aviación.
Dedico este trabajo a la comunidad de la ciudad de Zapala que venera con gran devoción la memoria del Capitán Candelaria y cuyas tierras fueran elegidas por él como lugar para su descanso eterno".
De esta forma escribe el Vcom. (R) Federico Guillermo Pockorny, Aviador Militar y Oficial de Estado Mayor, en la presentación de su ensayo biográfico titulado Luis Cenobio Candelaria, Capitán de Ingenieros y Aviador Militar, 1892-1963, Precursor y Benemérito de la Aeronáutica Argentina, obra que es posible consultar en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica.
En la introducción del trabajo el autor cita: "El Capitán de Ingenieros, Aviador Militar, D. Luis Cenobio Candelaria es un gran prócer de la aeronáutica argentina y mundial. El hecho culminante de su vida aeronáutica militar fue la realización, el 13 de abril de 1918, de la Primera Travesía de los Andes en aeroplano desde Zapala, Neuquén, hasta Cunco, Chile (230 km, a 4100 m de altura), con un avión impulsado por un motor de solamente 80 hp, el cual sobre El Palomar, en un vuelo previo, le había permitido alcanzar 4 500 m de altura. Era entonces un joven Teniente de 25 años de edad con flamante diploma de Piloto Aviador otorgado por el Aero Club Argentino y ya aprobados sus exámenes para obtener el diploma de Aviador Militar.
El Tte. Candelaria conquistó así para la Argentina "un gajo más de laurel para su corona de espléndidos triunfos aeronáuticos de trascendencia mundial", y sus méritos fueron de inmediato reconocidos por autoridades y opinión pública universales. La posteridad lo incluyó entre los Precursores y los Beneméritos de la Aeronáutica Argentina.
Nació en la ciudad de Buenos Aires el 4 de octubre de 1892, murió en la ciudad de Tucumán a los 71 años de edad, el 24 de diciembre de 1963 y, según su voluntad, sus restos descansan en el cementerio de la ciudad de Zapala, lugar desde donde inició su histórico vuelo y cuya comunidad lo recuerda cada 13 de abril con sentida y patriótica ceremonia.
Egresa del Colegio Militar de la Nación a los veinte años como Subteniente de Ingenieros solicitando incorporarse al Primer Curso de la recién creada Escuela de Aviación Militar. A los veintiún años, siempre atraído por la aviación, es fuertemente impresionado por la muerte de Jorge Newbery y en sus exequias se compromete a sí mismo a cruzar la Cordillera de los Andes. Cumplidos sus veinticuatro años es convocado para realizar el Cuarto Curso de la Escuela de Aviación Militar y después de un año de brillante aprendizaje recibe el diploma de Aviador Militar. Ante la negativa de las autoridades para que se sobrevuelen los Andes por Uspallata, en una operación prolijamente preparada y ejecutada, concreta la travesía por la cordillera patagónica, hazaña que mereció el reconocimiento de la opinión mundial. Un año más tarde, piloteando su viejo Morane Saulnier Parasol Mendoza, la suerte no lo acompaña en su intento de travesía por Uspallata. Para entonces ya están llegando los aviones de la Europa de posguerra con más fuertes estructuras y poderosos motores, con los cuales el cruce es naturalmente menos dificultoso. Candelaria se aparta de la aviación pero no de la cordillera mendocina a la cual regresa para cumplir por tierra arriesgadas tareas de relevamiento topográfico militar. Es entonces cuando sufre un accidente, con graves consecuencias para su salud e integridad física que le significa la interrupción de su carrera militar.
Los siguientes cuarenta años en situación de retiro los vivió luchando por su muy quebrantada salud, aunque gozando de gran lucidez mental, realizando obras de beneficencia, esfuerzos por educar a la juventud y dedicado a la pintura artística.
Además de su Memoria de la primera travesía de la Cordillera de los Andes en aeroplano es autor de una gran cantidad de artículos periodísticos y folletos: en algunos de éstos incursiona en los aconteceres políticos nacionales de las épocas que le toca vivir; a través de su lectura es posible profundizar en el pensamiento de este gran precursor, dueño del temperamento y del carácter necesarios para enfrentar con criteriosa inteligencia, extraordinario valor, gran fe y profundo patriotismo una proeza que implicaba un desafío muy difícil de afrontar con éxito, con la precaria tecnología aeronáutica disponible entonces (...). Es muy poco conocida la vida de gran parte de quienes forjaron nuestra realidad aeronáutica y ésta es una muy grave deficiencia cultural. No son necesarias frondosas biografías; basta difundir páginas someras que resalten los rasgos principales de la personalidad de todos aquellos que ofrendaron parte o todo de su vida en pro de la navegación aérea, como dominio de las técnicas necesarias para trasladarse a voluntad a través del aire desde uno a otro lugar; ello permitirá que, cuando se honren sus memorias, se lo realice con el suficiente conocimiento sobre el particular, como también extraer enseñanzas y lecciones para la juventud, en este sentido cuanto más "globalización" tengamos, más debemos hacer uso y "abuso" del mensaje contenido en aquel significativo párrafo de Nicolás Avellaneda:
"Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre sus tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir"