Tucanos por Ushuaia

por Sergio E. Baroni

Aeroespacio participó en la navegación final que hicieron los flamantes alféreces de la Fuerza Aérea Argentina. Una experiencia única que llevó a nuestro cronista en una travesía por el sur de nuestro país.

Aeroespacio tuvo una invitación de privilegio para participar en el acontecimiento culminante de la formación de los recién recibidos Aviadores Militares. Estrenando sus flamantes brevets realizaron la navegación, eligiendo en esta oportunidad la Patagonia para su recorrido y como destino final al nuevo Aeropuerto Internacional de Ushuaia, convirtiéndose en la primera vez que los Embraer Emb-312 Tucano de la Fuerza Aérea Argentina aterrizan en la ciudad más austral del mundo.

Para hacer referencia al Curso de Aviador Militar (CAM) tenemos que rememorar el nacimiento mismo de la Aeronáutica Argentina con la creación de la Escuela Militar de Aviación (EMA) en El Palomar un 10 Ago de 1912, entidad con dependencia directa del Ministerio de Guerra y estrechamente ligada a la evolución de la actividad aérea en el país, como instituto matriz de la aeronáutica militar.

La formación de los pilotos en aquellas épocas consistía en aprobar las diferentes materias de los programas de estudio y luego comenzaban con los vuelos en doble comando sobre los biplanos Henri Farman-Gnöme 50 hp donde el alumno acompañaba con sus manos los movimientos de la palanca del instructor sentado delante; una vez acostumbrado el alumno, se invertían las posiciones hasta que éste sintiera confianza para realizar el Vuelo Solo.

El personal del Grupo Técnico hace los últimos ajustes previos al vuelo.

Luego, para hacerse acreedor al título de piloto, debía cumplir con algunas exigencias requeridas por la Federación Internacional de Aeronáutica y controlado por el Aero Club Argentino. Entre otras, figuraban dos pruebas de distancia sin tocar el suelo, un circuito cerrado con una longitud mínima de 5 km y una prueba de altura en la que debía elevarse por lo menos a 50 m sobre el punto de partida y el descenso con motor detenido aterrizando a no más de 100 m de la marca establecida.

Posteriormente, por decreto del 2 Ago ‘13 se incluyen en las exigencias para otorgar el diploma de Aviador Militar, un raid de 150 km con aterrizaje en un punto prefijado.

Con el paso de los años se fue incorporando nuevo material aeronáutico, tornándose más rigurosas las pruebas del curso de Aviador Militar para oficiales y también las de los viejos programas de enseñanza para los suboficiales con opción al título de Conductor de Aeroplanos.

Hacia 1916 la EMA pasa a figurar en el organigrama del Ejército, creándose el Servicio Aeronáutico de Ejército como cuarta arma. Sus instalaciones se habían cuadruplicado, contando con talleres, en los que cuales se construyeron algunos Farman, carpintería, enfermería, cuadras para tropas, casinos y viviendas para oficiales.

Al finalizar la I Guerra Mundial comienzan a llegar numerosas misiones extranjeras aumentando el parque aeronáutico de la EMA con modernas máquinas, ya que había subsistido con aviones obsoletos modelo 1914. Esto obligó a adoptar nuevas modalidades de enseñanza: por ejemplo, ahora el Avro 504 K disponía de un sistema dual de comandos e intercomunicador, un gran adelanto para la época.

A partir de 1920 se produjo un cambio significativo en los programas: se comenzaron a realizar dos cursos, el primero de Piloto Militar para oficiales y suboficiales, y el segundo de Aviador Militar exclusivamente para oficiales.

Instructor y alumnos en el briefing antes de una partida.

Con la creación del Grupo 1 de Aviación de Ejército el 1o Feb ‘22 se resuelve disolver la EMA, pasando a depender la formación de los nuevos pilotos de la Sección Entrenamiento con los Avro 504 K y los Bristol Figther F2 B. Ese mismo año se aprueba el brevet, vigente hasta la actualidad, que consistía en agregarle al anterior (aprobado el 7 Nov ‘13), el Escudo nacional, alas y la inscripción Aviador Militar o Piloto Militar según corresponda. La organización se tornó compleja, no pudiendo un mismo organismo desempeñar las dos funciones, de centro de producción de pilotos y de unidad táctica, lo que originó un nuevo Decreto Presidencial creando nuevamente la EMA con fecha 26 Ene ‘25. Tenía como misión principal la formación de pilotos militares y operarios especialistas de aviación, delegando su dirección, por primera vez, a un Aviador Militar, el My. Angel Zuloaga.

Este mismo año se comienza con la tradición de la copa bautismal (Orden del Día Nº 173), que aún en la actualidad se sigue realizando durante la ceremonia del Vuelo Solo.

Hacia mediados del 33 figura en las memorias la incorporación de una navegación dentro del plan de instrucción, en el CAM, y consistió en el viaje de diez Avro Trainner hasta la Base de Paraná llamada entonces "Justo José de Urquiza".

Los avances en la aviación mundial imponían nuevos requisitos para lograr el brevet. En 1935 el Congreso de la Nación sanciona la Ley Nº 12.257 creándose el Escalafón de Oficiales de Aviación del Ejército y al año siguiente se crea la sección Aeronáutica en el Colegio Militar de la Nación, impartiéndole conocimientos aeronáuticos (Aerodinámica y motores) a los cadetes de 3o y 4o año.

Por Decreto Nº 3.675 del 6 Feb ‘37 la EMA se muda a Córdoba, lugar de su actual asentamiento y cambia desde un principio la modalidad a la que estaban acostumbrados los cadetes en El Palomar. En su nuevo hogar se debían educar y formar como oficiales militares y luego aviadores, adoptando a partir de 1943 el nombre de Colegio Militar de Aviación.

El papel protagónico que tuvo la aviación durante la II Guerra Mundial obligó a replantear los programas de formación militar en todo el mundo. En nuestro país se intentó unir todos los medios aéreos en un comando o fuerza independiente que culminó con el Decreto del Poder Ejecutivo del 11 Feb ‘44 creando el Comando en Jefe de Aeronáutica, dependiente del Ministerio de Guerra. Se encontraba bajo su responsabilidad todo lo referente a los asuntos aeronáuticos de la Nación, luciendo los egresados de ese año nuevo uniforme y grado de alférez.

El 4 Ene del año siguiente se crea la Secretaría de Aeronáutica y recupera por Decreto Nº 21.078/44 su nombre original, la Escuela de Aviación Militar (EAM) el que mantiene hasta la actualidad. El ingreso de los cadetes ahora se produce directamente de la vida civil, originando un cambio sustancial: ya no se trataba de sumarle los conocimientos aeronáuticos a los cursantes, sino transformarlos de cadetes en oficiales del aire.

En 1951 se crean en la EAM los Grupos Aéreo, Base y Técnico, separados del Cuerpo de Cadetes.

En el primero de ellos se produjo a finales de la década del 50 la llegada de los Beechcraft Mentor y con ello la estandarización de los procedimientos de enseñanza, al concurrir algunos instructores a cursos de perfeccionamiento en los Estados Unidos.

A mediados del ‘62 llegaron los MS 760 Morane Saulnier París, haciéndose la formación básica de los pilotos en los Mentor y la instrucción avanzada con los París.

En los años siguientes el CAM varió ya que se cursaba de cadete o alférez, hasta se adoptó la modalidad desde el año 82 al 87 de que los cadetes de 3er año realizaran el Curso de Instrucción Aérea (CIA) para confirmar su permanencia en el escalafón aéreo.

Actualmente, el alférez recién recibido cumple los patrones de pilotaje en aviones Mentor hasta su primer Vuelo Solo, siguiendo con acrobacia, formación, acrobacia en formación, navegación visual, terminando con tiro y bombardeo. Cumplida esta fase el alumno luego pasa al Emb-312 Tucano, donde se agregan vuelo instrumental básico y radioeléctrico y navegación visual y radioeléctrica. El broche lo constituye la navegación final por diferentes puntos del país, donde se practican todos los conocimientos adquiridos durante el curso.

Uno de los Tucano sobrevolando el Beagle, con la isla Picton al fondo.

En esta oportunidad se eligió recorrer el territorio patagónico, despegando de la EAM el 14 Dic. Al mediodía, previa formación y despedida del Subdirector de la EAM, Com. Narciso Juri, comenzaba la navegación final de la promoción 65º, a cargo del My. Daniel Spiritoso como Jefe de la comisión e integrada por 29 cursantes, 12 instructores y 18 miembros de Grupo Técnico Escuela.

El recorrido inicial fue EAM-Villa Reynolds-Neuquén (escala técnica), luego Plaza Hincul-Zapala-Chapelco, culminando el primer día en San Carlos de Bariloche.

El segundo tramo fue Bariloche-Esquel-Comodoro Rivadavia (escala para reaprovisionamiento) San Julián-Santa Cruz-Río Gallegos.

Desde aquí, nuestro cronista viajó en el puesto trasero del Tucano. Despegando desde Río Gallegos, sobrevolaron Cabo Vírgenes, cruzaron el Estrecho de Magallanes, pasaron lateral Río Grande a 2 500 m se alejaron unos 10 km, redujeron motor comenzando un descenso hasta pocos metros del mar y a casi 400 km/h fueron bordeando la costa donde se alcanzaron a ver muy pocas casas, barcos encallados y unas cuantas ovejas, hasta tener a la vista, a la izquierda, la Isla de los Estados. El vuelo prosiguió por Cabo San Diego, Cabo Buen Suceso y luego por el Canal de Beagle, dejando a un costado las islas Picton, Nueva y Lennox, finalizando con el arribo a Ushuaia.

El mal tiempo en la ciudad más austral del mundo no empañó la alegría del grupo de llegar al punto culminante de la navegación. El día siguiente fue de descanso, y el Do 17 se emprendió el regreso, saliendo de Ushuaia y sobrevolando la ciudad, aeropuerto, el Lago Fagnano-Cabo Vírgenes y reprovisionamiento de combustible en Río Gallegos. Se siguió por Lago Argentino, Lago Viedma y Monte Fitz Roy, para terminar este tramo en Comodoro Rivadavia.

Al día siguiente se pasó por Trelew, Puerto Madryn, Base Aeronaval Comandante Espora y Mar del Plata. La última noche se realizó la cena de camaradería, ya que a la mañana siguiente el recorrido fue Mar del Plata-Tandil-EAM. La agrupación llegó sin novedad, siendo recibidos por el Jefe Grupo Aéreo Escuela, Com. Carlos Perona.

A través de los años el sistema de instrucción vigente en la EAM, respecto a la formación de aviadores militares ha mantenido, durante generaciones, como común denominador el profesionalismo de los instructores y la confianza que éstos inspiran en los cadetes de la Institución.